“Cómo ser una mujer científica feliz y no morir en el intento” es un artículo que nos compartió la Dra. Hanna Oktaba, lo escribió en 1995 para el Programa Universitario de Género. A través de varias anécdotas aborda el tema de la mujer en la ciencia desde su experiencia personal.

El artículo está dividido en capítulos que publicamos cada semana. Aquí les dejamos el capítulo final: La UNAM

Primer capítulo: “Contexto social”

Segundo capítulo: “Familia vs Escuela”

Tercer capítulo: “La falda hippie”

Cuarto capítulo: Maternidad vs Doctorado

Quinto capítulo: La llegada a México

(La nota está narrada en primera persona porque es una transcripción del artículo original, la autora es la Doctora Hanna Oktaba)


…Pero, por otro lado, creo que también me ha dificultado un desempeño máximo en el área de investigación en computación, y ahora trataré de explicarlo.

Al llegar a México yo hablaba muy poco el español. Estaba aprendiendo algo en Polonia, pero eran cosas fundamentales las que logré aprender. Entonces, de inmediato me metí en los cursos de español para extranjeros que tiene la UNAM, y después de tomar dos cursos intensivos de seis semanas, en noviembre de 1983 empecé a dar mi primer curso en la Maestría de Ciencias de la Computación.

Docencia vs Investigación

Al dar ese primer curso me di cuenta de la diferencia del nivel de preparación de los estudiantes mexicanos de posgrado, con respecto a los estudiantes a los cuales yo estaba acostumbrada a nivel de licenciatura en Polonia. Es decir, la preparación de los mexicanos era bastante deficiente, sobre todo en la parte de matemáticas.

Como mujer sentí que el trabajo de docencia era un reto mucho más importante que el trabajo de la investigación. Creí que como docente, les estaba ofreciendo formación a mis alumnos, que en las condiciones que encontré valía mucho más que los “papers” que hubiera podido producir encerrándome en un cubículo. Los “papers” que a fin de cuentas fueran una aportación para los Norteamericanos, Japoneses, Europeos, y que no hubieran tenido ningún impacto en México.

La elección de dedicarse prácticamente de lleno a la docencia tiene también otra explicación. En los grupos de investigadores de los departamentos de Computación en el IIMAS, exceptuando al Dr. Felipe Bracho, no encontré a personas que estuvieran interesadas en las áreas que yo estaba dominando, en las cuales yo hacía investigación antes de llegar a México.

Además, el departamento estaba lleno de gente joven, de los doctores con poca experiencia en investigación como yo, y prácticamente todos necesitábamos de un líder, de alguien que nos hubiera guiado o apoyado para que nosotros maduráramos para volvernos realmente investigadores. Ese grupo todavía no había logrado formar un ambiente de investigación, una escuela con ciertas actividades y proyectos en los cuales yo pudiera entrar.

Entonces me dediqué con todas mis ganas y todas mis fuerzas a la parte de educación, de preparar cursos nuevos para la Maestría en Ciencias de la Computación, porque esta actividad me estaba dando más satisfacción personal que la otra parte, la de investigación, que la verdad no le encontraba ni dónde, ni cómo, ni para quién hacerla.

Además, me interesaba más y encontraba mayor satisfacción en ver a los jóvenes mexicanos aprendiendo cosas que yo les podía ofrecer con mis conocimientos y con mi preparación. Creo que esta satisfacción uno la siente más como mujer, porque queriendo o no tenemos un instinto maternal, el cual nos ayuda a disfrutar el aprendizaje de los jóvenes, que dependen de alguna manera de nosotras. Como yo tengo nada más una hija, entonces, prácticamente a mis alumnos los trato como a mis propios “hijos académicos”.

Esta actitud, a fin de cuantas me trajo problemas, porque cuando ya tenía plaza abierta por concurso en el instituto, de investigadora asociada A (por cierto, asociada a mi misma), pasaron dos años y yo había producido unas cuantas publicaciones. Eran publicaciones más de docencia y de promoción de ciertos temas avanzados en Computación, pero no logré insertarme en ningún proyecto de investigación, o formularme yo misma algún proyecto de investigación interesante; no he tenido las publicaciones que como investigador se requiere en esa universidad.

Al terminar mi tercer año de mi contrato interino, antes de que me tocara solicitar la definitividad, prácticamente me advirtieron que como yo me he dedicado más a la docencia que a la investigación, entonces sería mejor que me cambiara a una plaza de profesor. Como en el Instituto no hay plazas de este tipo, en forma natural se me propuso que me cambiara a la Facultad de Ciencias, donde en el Departamento de Matemáticas podría continuar con mi labor de docencia en el área de Computación.

A la vez, se me presentó la oportunidad de encargarme de la Coordinación de la Maestría en Ciencias de la Computación, con sede en el IIMAS. Estas propuestas estaban muy acordes con mi forma de ver mi deber o mi papel en México y en la propia UNAM. Por fin reconocí, que lo que estaba disfrutando más era precisamente la labor de docencia.

Coordinar o no coordinar

¿Por qué me ofrecieron la coordinación del Posgrado?

Uno puede pensar que fue una distinción, un reconocimiento. Creo que hubo algo de eso en esta propuesta. Pero viéndolo con la perspectiva de cinco años, creo que también fue un momento en el cual la Maestría en Ciencias de la Computación estaba pasando por un momento bastante difícil; los dos Departamentos de Computación dentro de IIMAS, que había sostenido el Posgrado, se habían desmembrado. Muchos investigadores doctores se habían salido del Instituto, por diversas razones, que no voy a mencionar porque ése es el tema hasta para conferencia.

Total que realmente la maestría quedó un poquito volando, sin gente que quisiera o que se identificara lo suficiente con ese programa para encargarse de dirigirlo. Ahora pienso también que me ofrecieron esa coordinación porque realmente no había ninguna otra persona, ni hombre ni mujer, que quisiera tomar este tipo de trabajo, porque a fin de cuentas es una responsabilidad muy fuerte.

Se ofreció este puesto a una mujer, y además extranjera, porque fui la única opción, la última oportunidad para que este Posgrado siguiera teniendo a alguien que se encargara de él.

En ese momento yo no lo veía así; yo lo tomé como un reto. Como un reto personal porque realmente le tenía mucho cariño a ese proyecto y, sobre todo, tenía mucho cariño a los jóvenes que estaban como alumnos en ese programa.

Realmente los jóvenes que se están atreviendo a hacer Posgrado en México, y están quitando tiempo de su vida familiar, de su vida profesional para hacer ese esfuerzo, creo que merecen un respeto muy grande. Yo lo entendía intuitivamente muy bien, y entonces tomé ese papel de sacar la maestría, dirigirla, conseguir profesores en esos tiempos cuando los buenos profesores salían del programa, y mantener cierto nivel del Posgrado, tomé ese papel como un reto. Me dediqué y me sigo dedicando a eso desde hace cinco años, prácticamente de tiempo completo.

Facultad versus Posgrado

La dedicación para sacar adelante a la Maestría en Ciencias de la Computación me trajo muchas satisfacciones, pero a la vez me perjudicó.

En ese tiempo ya estaba contratada como profesora Titular A en la Facultad de Ciencias, y estaba también obligada a ofrecer cursos de Computación para las Licenciaturas de Matemáticas, Física y Actuaría en la Facultad de Ciencias. Lo estaba cumpliendo, pero dedicaba más tiempo y físicamente pasaba más tiempo en mi cubículo de Coordinadora de la Maestría en Ciencias de la Computación en el IIMAS, que en el cubículo que me otorgaron en la Facultad de Ciencias.

Mis actividades de dar clases en la licenciatura, en la maestría y la coordinación de la maestría me daban una gran satisfacción personal, pero mi situación en la Facultad de Ciencias, dentro del grupo de los profesores de Computación, no era cómoda. Tenía mucho aprecio de los profesores jóvenes, pero entre los más antiguos, que eran más o menos de mi edad, me sentía ignorada.

En este caso tal vez la condición de mujer, y la condición de extranjera, no me ayudo; me perjudicó. Después de tres años de estar en la Facultad de Ciencias tomé la decisión de salir de allá y dedicarme a lo que realmente me llenaba de satisfacción, que era la Coordinación de la maestría, y entonces solicité mi contratación en la Unidad Académica de los Ciclos Profesionales y de Posgrado, como profesora Titular de esa unidad, con la única obligación de servir al Posgrado en Ciencias de la Computación.

Eso me ayudó a ser independiente de la Facultad de Ciencias, de gente que no me aceptaba, y a la vez mantener el contacto bastante cercano con los jóvenes profesores o profesoras de allá que si reconocían mis labores y mis actividades. A la vez, estando en el IIMAS físicamente, era independiente, no era contratada como investigadora del IIMAS.

Profesora vs Ama de Casa

Para finalizar, quiero también tocar el tema de cómo se ha desarrollado mi vida familiar durante mi estancia en México.

Aquí creo que mi situación de mujer seguía siendo más o menos la misma que en Polonia. Al llegar a México me he dado cuenta, que prácticamente todas las mujeres de clase media, independientemente de sí estaban en la casa con sus hijos o estaban trabajando, tenían una o más personas que les ayudaban en los quehaceres de la casa. Las señoras que vienen dos o tres veces a la semana, nada más para limpiar la casa y planchar las camisas del esposo, o las muchachas que se quedaban de tiempo completo en la casa haciendo todo los quehaceres domésticos.

A mí y a mi esposo simplemente ni nos pasó por la cabeza que podríamos ajustarnos a esa costumbre; simplemente nuestros antecedentes culturales no contemplaban esa posibilidad.

Lo que quiero decir es que durante los años que tengo en México, aunque mis compañeros de la universidad o la gente que me conoce no lo crea, nunca he tenido ni, hasta que me alcancen las fuerzas, voy a tener ningún apoyo en mis quehaceres domésticos. Nos repartimos entre los tres más o menos equitativamente las labores domésticos. Mi esposo es especialista en lavar la ropa, mi hija se ocupa principalmente de mantener su cuarto y sus cosas en orden, y yo me encargo de todo lo demás.

A mí me gusta mucho cocinar y, aunque no lo puedo hacer durante toda la semana, los sábados trato de hacer compras y luego preparo algo sencillo o salimos a comer. Pero los domingos trato de preparar platillos interesantes, ya mezclo comida polaca con la comida mexicana. Normalmente los domingos estoy preparando una comida para ese día, y la hago en cantidades que nos alcance para mi hija y para mí durante los primeros tres días de la semana. El jueves ya estamos inventando alguna cosa más sencilla para comer, y el viernes, de plano, siempre salimos a comer a algún restaurante, con mi hija.

Mi esposo, como trabaja lejos de la casa, entonces, come fuera y principalmente disfrutamos de las cenas familiares a diario, y de las comidas de los sábados y domingos.

Como la mayoría de las mamás mexicanas, siempre he sido el chofer de mi hija para llevarla y recogerla de la escuela. De todos modos, esa labor de chofer y de estar pendiente de dónde está, y de qué necesita, y de las tareas y todo de mi hija, pues siempre ha sido algo natural, algo que tuve como parte de mis actividades normales.

Por eso, durante varios años de mi trabajo en la UNAM aproveché la flexibilidad del horario de los profesores y pasaba las mañanas hasta la hora de la comida en la universidad y en la tarde ya no regresaba. Pero ahora, que mi hija ya está grande, también trabajo en la tarde.

Conclusiones

En mi caso personal no ha sido muy difícil de compaginar las actividades académicas con la vida familiar armoniosa.

Las condiciones sociales de Polonia y la preparación con que contaba al llegar a México me han ayudado a desarrollar mi vida acorde con mis aspiraciones. Soy una mujer feliz, pero a la vez consciente de que todavía nos falta “algo” para que muchas mujeres tengan las mismas oportunidades que tuve yo para lograr la satisfacción plena de su vida.

¡Extra!

Para cerrar con broche de oro esta historia, aquí les van unas fotos que nos mando la doctora enfatizando también la importancia de la amistad en el aspecto personal 😍

Wiesia Bartol, Hanna Oktaba y Gloria Ibargüengoitia. Foto reciente
“El valor de la amistad”
Wiesia Bartol y Hanna Oktaba. 1976
Amigas en Polonia

Con esto termina la historia “Cómo ser una mujer científica feliz y no morir en el intento”. Muchas gracias a la Dra. Hanna Oktaba por compartirnos estas anécdotas y las fotos que vimos en la serie.

Esperamos que hayan disfrutado cada capítulo que les compartimos y que hayan encontrado en las notas un poco de inspiración para sumarse a este grupo de mujeres científicas felices.

Aprovecho para agradecer a todas las personas que a diario trabajan para sumar a más mujeres al mundo de la tecnología y aportan para cambiar ese “algo” que sigue faltándonos ¡Gracias por poner su granito de arena y por el interés en estos temas!

Y les recuerdo también que si quieren compartir con Temachtiani alguna anécdota o publicar una nota, pueden escribirnos un mensaje en redes sociales o mandarnos un correo 😄 ¡Nos leemos en la pŕoxima!

lore@temachtiani.com.mx

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